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Importante con mayúsculas

20220507 garvaoTarde importante de Andrés Romero hoy en Garvao, en su regreso esta temporada a Portugal. Tarde importante por exigente a tenor de las complicaciones desarrolladas por su par de toros de António Lampreia, muy deslucidos. El primero, incluso, peligroso. El segundo, desrazado y sin clase. Nula colaboración que nunca fue excusa en su decidida actitud por hacer suya la corrida. Y mandó en ella por dos faenas de entrega plena y de oficio sólido, que le da un evidente poso de madurez a su toreo. Y de capacidad para conectar con la gente, para hacerla cómplice. Quizá porque tanta sinceridad irremediablemente tiene que trascender y llegar al público.

 

Salió con muchos pies el primer toro de su lote y se fue Andrés a pararlo a los medios. Cumbre Copito, que ha irrumpido en la temporada y en las huestes del rejoneador onubense por su indiscutible fondo de valor innato que le transfiere mucha seguridad a Romero cuando, como hoy, se trata de corregir a un toro la tendencia a ponerse por delante y cortar los viajes. Le sostuvo el envite de sus acometidas apretadas cuando eran por dentro con decisión y verdad. Dos farpas que fueron dos monedas al aire. Si salió cara fue porque el torero quiso que así fuera. Con tal materia prima, fue el turno de Kabul, un caballo cuajado ya en tantas lides de lidias ingratas por comprometidas. Pero Kabul siempre comparece, es infalible. Por los terrenos que pisa y la seguridad con que lo hace. Esa misma solvencia que destila Farrugia para clavar a toro parado, citando en la corta distancia. Pidió el público una banderilla más que el palco concedió y que vino a ser la rúbrica a una faena de solvente madurez. La vuelta al ruedo fue de clamor.

 

No fue en absoluto mejor el segundo de su par, un toro sin clase ni celo, que apenas se empleó a oleadas. Lo paró con Golondrina y tuvo Andrés Romero que llegarle mucho para provocarlo y encelarlo con la complejidad de cuánto esperaba en su terreno y de cómo arreaba cuando la cabalgadura iba a buscarlo. Y ahí, por dentro, le planteó el rejoneador el pulso a su oponente con Meridio, toreando de costado, imprimiéndole el ritmo que el burel no tenía. Cosas y milagros que obra el temple. Pero el temple soportado sobre el pilar fundamental del valor sin cuento para domeñar lo incierto de cada embroque: era imposible predecir si el toro se distraería o si lo haría arreando. Así las cosas, decidió Andrés tirar al aire la moneda e irse a buscar al toro con Guajiro en banderillas al quiebro de verdadera sensación. De nuevo llegando a la cuna de los pitones para quebrar, clavar, incluso, salir con ajustadas piruetas. La plaza se entregó con la misma intensidad con que Romero lo hacía todo. Justa correspondencia. En la manera de vivir la faena y la forma de premiarla ya terminada con otra vuelta al ruedo más que celebrada. 

Ficha del Festejo
Plaza de Toros de GARVAO. Casi lleno. Se lidian toros de ANTÓNIO LAMPREIA
 
Filipe Gonçalves: vuelta y vuelta
Manuel Telles Bastos: vuelta y vuelta
ANDRÉS ROMERO: vuelta y vuelta
 
 
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